Lengua materna

En estos días recibí una llamada de un miembro de mi sinagoga para contarme que su madre estaba muriendo, y tenía una petición especial. Su madre era hija de padres imigrantes que habian llegado a Nueva York y hasta la edad de cuatro años solamente hablaba español y ladino. Ahora, a los 93 años, luchaba en un estado casi inconciente por su vida en la cama de un hospital y sus hijos querìan que escuchara el Shemá Israel y unas cuantas palabras en español.
Mientras caminaba hacia su cuarto, su hijo me contaba que tanto él como su hermano habían nacido en ese mismo hospital. Yo le dije que ese hospital era entonces un lugar casi-sagrado, el portal donde habia venido al mundo y a la misma vez el lugar donde aquella que lo trajo habría de morir, un nexo de su universo. Le gustó mucho el pensamiento y quedó meditando al respecto.
Cuando entré al cuarto vi a la señora, frágil, casi sin vida. Su respiración era un sonido de obstruccion al respirar y un pequeño gemido al expirar. No estaba en coma pero la morfina la tenía en un estado casi comatoso. No había respondido a la voz de sus familiares en las últimas horas.
Un tanto nervioso me acerqué a su cama. Con una voz fuerte y proyectada le dije en español que estaba aqui con sus hijos, con su familia, y que había tenido una buena y larga vida, y que si era hora de partir que lo hiciera con tranquilidad. Le dije suavemente el Shemá, plegaria central de nuestro pueblo, la cual tradicionalmente son las palabras que un padre o una madre enseña a sus hijos, y debe ser la ùltima oración de los labios de un judío a la hora de su muerte. Mientras recitaba lentamente las palabras y los rezos, algo sucedió. Ella abrió los ojos y sonrió un poco.
Al dia siguiente su hijo me contó que su madre había muerto, y las últimas palabras que había escuchado en este mundo eran las mías.
Lo que mas me intriga de este relato, no es que me haya sucedido, sino que es la tercera vez que algo similar me sucede. Ya me ocurrió con el tío de una amiga, quien en estado de coma despues de varios días también abrió los ojos repentinamente cuando le rezaba. También en otra visita a una tía mia que estaba muy mal en el hospital pude presenciar como sus diagnosticos en la maquina que la mantenia conectada cambiaron dramaticamente cuando escuchaba los rezos.
Y hay algo que más me intriga aún: Que solo he hecho tres visitas en mi vida a pacientes en este estado.
Que creer cuando te suceden cosas asi?A veces me da por soñar que tengo algun tipo de talento o regalo que puede ayudar a la gente a sanar, o aunque sea a hacer el paso de este mundo al otro un proceso menos doloroso.
Pero de lo que si estoy cada vez más seguro es del poder del rezo y del poder de la palabra.
Las palabras nos van rodeando desde que sentimos las vibraciones en el vientre de nuestra madre hasta el momento de nuestra muerte. Aprendemos cada vez mas palabras, nuevos idiomas, nuevas formas de expresión y llevar la literatura a niveles sublimes. Pero estoy seguro que al envejecer o al estar enfermo al borde de la muerte nuestros cerebros se van desprendiendo de todas las capas que hemos aprendido durante nuestra vida, cada año como una corteza pelandose, hasta llegar al centro absoluto de nuestra conciencia. Y es ahí, en ese lugar, donde solo nuestra lengua materna va quedando, nuestras primeras palabras, nuestros primeros sonidos, las primeras vibraciones en el vientre, y después…
SHEMAH- escucha. El sonido del universo entero desenvolviendose nuevamente dentro de ti convirtiendote en parte de Todo.
Ahora que comienza un nuevo año, un nuevo ciclo de oportunidades, trata de honrar a tu madre sea cual sea tu relación con ella dandole uso positivo a tus palabras, a ese regalo divino que tomamos por desapercibido, y recuerda que la vida es mucho mas corta de lo que te imaginas.

Vayera: Haz lo que ella te diga

Esta semana pasada he pensado en las mujeres mucho mas que otros días. Y no es mi lado de hombre soltero el que ha estado pensando. Es el lado religioso. El rol religioso de las mujeres en el siglo 21.

Tuve el honor de dirigir mi primera ceremonia de bat mitzvá, la llegada a la responsabilidad individual que se celebra en el judaísmo cuando una niña cumple la edad de 12 años. A pesar de ser términos muy antiguos, la celebración de una ceremonia de este estilo es nueva, con menos de 100 años  (en una religión milenaria esto es un parpadeo en el tiempo).

La niña estudió por muchos meses y este sábado tuvo la oportunidad de dirigir los servicios y leer la Haftará (porción de algun texto profético leído ritualmente cada sábado). Fueron muchos momentos de reflexión y emoción ver cómo las mujeres han logrado entrar a la esfera religiosa después de tantos siglos de discriminación y abusos justificados falsamente por excusas biológicas y sociales.

Y si bien se le han dado los mismos derechos y deberes que al hombre, la mujer judía posee tres mitzvot (mandamientos) que le son exclusivos. Encender las velas para Shabbat, hacer la jalá (pan de Shabbat) y mantener una vida sexual conciente de la santidad y la pureza de la vida conyugal.

Pensando en estos tres derechos exclusivos de las mujeres llegué a una idea. La naturaleza del hombre es ser un nivel más arriba que los animales del planeta. Por ejemplo, si bien todas las criaturas deben comer y son sostenidas por sus entornos, el hombre es el único que lo hace de una manera diferente. No solo come el trigo que sale de la tierra. El hombre lo cultiva, lo corta, lo muele y cambia su estructura original. Partiendo de esta idea, veo entonces el rol asignado a la mujer. En mi parecer, la mujer tiene algo en su naturaleza que toma esa parte del hombre y la eleva a un nivel aun superior. No comemos solo la harina con agua en forma de masa. Es el deber de la mujer tomar eso y elevarlo, cambiar su forma, sus olores, su color, su textura. La materia prima que el hombre trae mutará y se unirá con el trabajo y amor de la mujer. La mujer toma lo que el hombre le da, lo deposita dentro del calor de su horno para que después de un tiempo determinado, un nuevo producto saldrá, algo consagrado.

De igual manera con las luces de Shabbat. Hoy dia tenemos electricidad. Las velas eran  un lujo, y comer en la oscuridad era algo común. Excepto en Shabbat, donde se debe regocijar y tomar largo tiempo en familia al rededor de la mesa. Hoy dia el mensaje es mas simbólico y espiritual. Es la luz de la Iluminación, mirar la luz primordial y recordar todo el proceso de la Creación que nos ha llevado a una semana más. Es el momento de refleccionar y pedir por su familia, por su casa.

La tercera mitzvá es la llamada Nidá. Si bien es una tradición que ha caído en desuso en la mayoría de los judíos de la actualidad aun existen muchas mujeres que cuidan el ritual de la manera tradicional. Es la conciencia de que el sexo no es algo meramente animal, algo que se le puede olvidar a los hombres, sino algo que debe ser consagrado.

Y son estas tres cosas,la elevación y  santificación del alimento, la luz y el sexo, exclusivas pero no únicas para la mujer. Tal vez un recordatorio de que si bien la narrativa bíblica nos habla de Adam siendo creado primero, la mujer puede que sea la versión 2.0, el mismo sistema pero con algunas mejoras.

La sinagoga llena, con hermosas  flores y con mucho rosado por todas partes durante el sábado. Leíamos la parashá (porción semanal de la Torá) fue muy interesante también. La porción llamada Vayera (Génesis 18:1-22:24) nos habla en gran parte sobre mujeres, la matriarca Sarah y Hagar, tradicionalmente designada como madre de los árabes. Vemos la  interacción entre Abraham y Sarah durante su vida matrimonial, sus problemas de infertilidad, sus ansiedades, momentos dificiles y momentos felices. Vemos protagonismo,conflicto  y diálogo por mujeres, algo no muy frecuente en la Biblia. Y a Abraham le es ordenado, por nada mas y nada menos que Dios, a que escuche y obedezca la voz de su mujer.

Una lucha interminable entre la humanidad es el llegar a comprender que un ave necesita sus dos alas para volar, la derecha y la izquierda. La humanidad es esa ave, y el balance entre lo masculino y femenino debe buscar su balance para poder empreder vuelo.

Dios me conceda la oportunidad de ver muchas más mujeres  entrando felices y participativamente en sus ciclos de vida judía. Que logren alcanzar la independencia intelectual de sus hombres y puedan traer una opinión diferente a lo que la tradición predominantemente masculina ha fabricado a través de los tiempos.

A todas y todos los feministas, la tarea recién está empezando. Hay mucho camino por recorrer.

Y  a todos esos enamorados y/o enloquecidos de rabia por sus mujeres: Recuerden la voz divina, y haz lo que ella te diga. O por lo menos mirala a los ojos en vez de a la televisión,  no le discutas y di que sí en lo que más puedas. Aunque no lo veamos a veces y nos choca en un nivel intrínsico en nosotros, las mujeres están en la tarea de mejorarnos, de tratar de impulsarnos a nuestro siguiente nivel, y traer a nuestras mundanas existencias la dimensión de la conciencia divina.

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